No es una batería. Es un monedero contable: la comercializadora apunta el valor de tus excedentes sobrantes y te lo descuenta en facturas posteriores. No guarda kWh, no da luz en un corte y no es tuya. Si el nombre fuera «hucha de excedentes», nadie la confundiría con un equipo.
Las condiciones las pone la compañía. Permanencias, cuotas mensuales, límites de acumulación o qué pasa con el saldo si cambias de comercializadora: todo eso viene en el contrato y la compañía puede modificarlo según sus propias condiciones. Con una batería física no dependes de esa letra.
Puede convenir a algunos perfiles. Una segunda residencia que vierte mucho y consume poco, o una casa que aún no quiere invertir en batería, pueden sacarle partido. No la descartamos por sistema: pedimos que se contrate sabiendo lo que es, comparando la oferta completa y no solo el nombre.
Antes de firmar, mira el conjunto. Precio del kWh que te cobran, precio del excedente que te apuntan y permanencia. A veces la «batería virtual» viene con una tarifa cara que se come el beneficio. En cómo leer tu factura de la luz te enseñamos dónde mirar.